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Llegar, sin perderse por el camino.

Conseguir objetivos está muy bien, pero no traicionarte para llegar a ellos, considero que es la clave de tu bienestar: avanzar, crecer, equivocarte, luchar por lo que quieres, sin dejar de ser fiel a quién eres.

Cuando hablamos de una carrera deportiva, solemos hacerlo desde los resultados. Hablamos de victorias, derrotas, objetivos cumplidos, oportunidades aprovechadas o momentos que marcaron una trayectoria. Pero hay una parte de cualquier carrera que no aparece en las estadísticas y que, con el tiempo, quizá sea incluso más importante: las decisiones que tomamos para llegar hasta allí.

Porque el deporte, como la vida, está lleno de momentos en los que toca elegir.

Hay etapas en las que el camino parece claro y otras en las que aparecen varias direcciones posibles. Algunas vienen acompañadas de oportunidades que, desde fuera, parecen imposibles de rechazar. Otras implican renunciar, cambiar de rumbo o apostar por algo que todavía no sabes si funcionará.

Y es precisamente ahí cuando uno empieza a entender que no siempre se trata de tomar la decisión correcta, sino de tomar una decisión que puedas sentir como propia.

A lo largo de una carrera es inevitable escuchar opiniones. Entrenadores, compañeros, familiares, personas que te quieren y personas que, desde fuera, creen saber qué es lo mejor para ti. Todas esas voces pueden aportar, y muchas veces son necesarias. Pero hay una frontera que nadie puede cruzar por ti: la de decidir sobre tu propio camino.

Porque al final, quien tendrá que convivir con esa decisión eres TÚ.

Y quizá sea mejor equivocarse por uno mismo que permitir que otros se equivoquen por ti.

Equivocarse forma parte del proceso. Elegir un camino y descubrir después que no era el adecuado también. Cambiar de opinión no significa haber fracasado. A veces significa haber tenido el valor de escucharte y reconocer que aquello que querías ayer, ya no es lo que quieres hoy.

Lo importante es no perder de vista hacia dónde quieres ir y, sobre todo, de qué manera quieres llegar.

Porque no todo vale.

En el deporte existe una presión constante por conseguir resultados. Por aprovechar las oportunidades. Por ganar. Y esa presión puede hacer que, en determinados momentos, confundamos el objetivo con cualquier medio para alcanzarlo. Pero hay líneas que cada persona debe decidir dónde están. Principios que no deberían depender de una clasificación, de un contrato, de una medalla o de una victoria.

Ser fiel a lo que uno piensa y siente no siempre es la opción más cómoda. A veces implica tomar decisiones que los demás no entienden. Otras veces significa decir que no, cuando todo parece indicar que deberías decir que sí. Y también puede significar caminar en dirección contraria a la que otros habían imaginado para ti.

Pero hay algo que tiene un valor enorme: poder seguir avanzando sin sentir que te has traicionado por el camino.

Quizá ese sea uno de los mayores aprendizajes que puede dejar una carrera deportiva. Que el éxito no consiste únicamente en llegar a un determinado lugar, sino en reconocer el camino como propio. Saber por qué tomaste determinadas decisiones. Saber qué estabas dispuesto a sacrificar y qué cosas no estabas dispuesto a perder.

Porque llegará un momento en el que los resultados quedarán atrás. Las competiciones terminarán, los números dejarán de importar y las etapas se convertirán en recuerdos. Y entonces quedará algo mucho más íntimo: la relación que tienes contigo mismo.

Y ahí es donde la coherencia cobra todo su sentido.

Sentirte bien contigo mismo no significa haber acertado siempre. Significa saber que, incluso cuando te equivocaste, lo hiciste desde tus convicciones. Que escuchaste a los demás, pero también supiste escucharte a ti. Que tomaste decisiones propias y asumiste sus consecuencias. Que no renunciaste a tus principios, por llegar un poco más lejos.

Al final, una carrera deportiva no debería medirse únicamente por hasta dónde has llegado, sino también por quién has sido mientras avanzabas.

Porque el destino importa, el camino también, pero no perderte a ti mismo mientras llegas, es lo que realmente da sentido a todo lo demás.

Teresa

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